Introducción

El Síndrome Respiratorio y Reproductivo Porcino (SRRP) es una enfermedad carac­terizada por la presentación de abortos, re­ducción en la ganancia de peso, enferme­dad respiratoria en los lechones y aumen­to de la mortalidad en los planteles afecta­dos. Fue descrito por primera vez en 1987 en Carolina del Norte, en los Estados Uni­dos de Norteamérica, siendo denominada 'Enfermedad misteriosa del cerdo' (EMC), que se diseminó rápidamente a las princi­pales áreas productoras del país. En 1990 la Asociación Americana de Productores de Cerdos, determinó que la EMC estaba am­pliamente distribuida en los planteles de Es­tados Unidos y Canadá (Zimmerman et al., 1998). En Alemania, brotes de una enfer­medad clínica denominada 'Síndrome res­piratorio reproductivo porcino' (SRRP), con signos semejantes a los descritos para la EMC de Norteamérica, fueron reportados en 1990. En 1991 se presentaron brotes, consecutivamente, en enero en España y Holanda, en marzo en Bélgica, en mayo en Gran Bretaña y en noviembre en Francia (Office International des Epizzoties, 1992). Desde entonces, el agente causal de la EMC y del SRRP se ha diseminado a la mayoría de los países del mundo y fue en el 'Simposio Internacional de Síndrome de Infertilidad y Respiratorio Porcino', realiza­do en Minnesota en mayo de 1992, donde se adoptó la terminología de SRRP intro­ducido por los europeos. Corrientemente, la Oficina Internacional de Epizootias (OIE) reconoce los términos 'Síndrome disgenésico y respiratorio del cerdo' (en es­pañol), 'Syndrome dysgénésique et respiratoire du porc' (en francés) y 'Porcine reproductive and respiratory syndrome' (en inglés).

El virus SRRP fue aislado, por primera vez, en 1991 en Holanda en establecimientos que sufrían severos desórdenes reproductivos y se denominó virus Lelystad (Wensvoort et al., 1991). En 1992, se aisló en los Estados Unidos de Norteamérica desde rebaños con severos problemas res­piratorios y reproductivos y se llamó virus ATCC VR-2332 (Collins et al., 1992). Los dos aislados al inocularse en cerdos sus­ceptibles indujeron enfermedad respiratoria y reproductiva similar (Terpstra et al., 1991), confirmándose la participación de un virus en el SRRP.

En el año 2000 se determinó la presencia del virus en nuestro país hecho que plantea un desafío tanto para el sector productivo porcino como para el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), encargado de su control. Esta revisión es el resultado de un semina­rio incluido en el curso de Virología Animal Avanzada del Programa de Magister en Ciencias Veterinarias de la Universidad de Chile, y pretende contribuir en el conoci­miento de esta virosis mediante la revisión de aspectos relacionados al agente, la pa­tología, la inmunidad, el diagnóstico y la epidemiología del SRRP.

 

II. El virus

El virus del SRRP está clasificado -junto con el virus del aumento de la deshidrogenasa láctica del ratón, el virus de la arteritis equina y el virus de la fiebre hemorrágica del simio- dentro del género Arterivirus de la familia Arteriviridae. La familia Arteriviridae con la familia Coronaviridae, comparten el orden Nidovirales en virtud de que ambas tienen un alto grado de similari­dad en su organización genómica y estra­tegia de la expresión génica (Cavanagh, 1997). Son virus envueltos, con un diáme­tro promedio de 40 a 60 nm, su genoma es de 13 a 15 kb con una capacidad de expre­sión de 6 a 7 ARNm subgenómicos. Poseen propiedades biológicas comunes, incluyen­do replicación primaria en macrófagos y establecimiento de infecciones asintomá­ticas persistentes en sus hospedadores. A pesar de sus similitudes, no se ha demos­trado reacción serológica cruzada entre vi­rus SRRP y otros arterivirus (Plagemann y Moennig, 1992).

El virus SRRP al ser tratado con cloroformo disminuye su infecciosidad en un 99,99%, lo que demuestra la presencia de envoltu­ra. Es estable durante varios meses a -70°C y por lo menos un mes a 4°C. Temperatu­ras de 37°C lo destruyen completamente dentro de 48 horas, y los 56°C, en 5 minu­tos (Benfield et al., 1992). En medio de cul­tivo, a pH 7,5, la vida media estimada, para la cepa Lelystad es de 140, 20, 3 y 0,1 ho­ras a 4, 21, 37 y 56°C, respectivamente (Bloemraad et al., 1994). En muestras clíni­cas, el virus puede mantenerse en suero a temperatura de 25°C, pero no en tejidos. En carnes refrigeradas el virus puede recupe­rarse hasta por 48 horas. En el medio am­biente seco, el virus, es rápidamente inactivado, pero en ambiente húmedo pue­de mantener su infecciosidad por 9 al 1 días (Pirtle y Beran, 1996). La infecciosidad tam­bién es afectada por el pH, reduciéndose en un 90% a pH menores de 5,0 y mayores de 7,0 (Bloemraad et al., 1994).

 
Figura 1. A. Organización genómica del VSRRP B. Conjunto de ARN subgenómicos

El genoma del virus SRRP (figura 1) con­siste de una hebra no segmentada de ARN, de sentido positivo, poliadenilada con 8 marcos abiertos de lectura (ORF del inglés 'open reading frames') (Meulenberg et al., 1998). El primer ORF (Orf la y lb), que com­prende aproximadamente el 80% del genoma viral, se ubica en el extremo 5 y está precedido por una secuencia 'leader' no codificante de 211 nucleótidos Del ORF 2 al 7 se ubican en el extremo 3' del genoma y el final del codón de ORF 7 es seguido por una secuencia no codificante de 14 nucleótidos con una cola poliadenilada de aproximadamente 20 nucleótidos. Cada uno de los ORF está parcialmente superpuesto con cada uno de sus ORF vecinos (Meulenberg et al., 1998). Cada uno de los 6 a 7 ARNm subgenómicos contiene la mis­ma secuencia 'leader' (> de 200 nucleátidos) en su extremo 5' que es idénti­ca a la secuencia de la región no codificante del extremo 5'. El tamaño de cada transcripto en orden decreciente es de: 15, 3,3; 2,7; 2,2; 1,7; 1,1; y 0,7 kb para los ARNm de I a 7, respectivamente. Aislados que expresan 7 ARNm subgenómicos contienen un ARNm extra desde un ORF localizado entre los ORF 3 y 4 y se han designado como ARNm 3,1. A pesar de que los largos de los transcriptos (ARNm) son policistránicos, es decir contienen más de un ORF, solamente el primer ORF del extremo 5' se cree que es traducido en una proteína. No se sabe cuan pronto la célula infectada codifica ARNm virales, pero proteínas virales pue­den detectarse en la célula infectada a las 6 a 20 horas post infección (Bautista et al., 1996).

El producto de cada ORF ha sido identifica­do en las cepas americana y europea. El ORF 1 codifica para ARN replicasa, la úni­ca proteína no estructural que ha sido iden­tificada. Del ORF 2 al 7 codifican para pro­teínas estructurales. Para la cepa america­na VR 2332 se describen proteínas con nú­mero de aminoácido de 256, 254, 178, 200, 174 y 123, respectivamente, y para la cepa europea Lelystad el número de aminoácido para su respectivo ORF es de 249, 265, 183, 201, 173 y 128. Las masas moleculares de las proteínas expresadas por los ORF 2 al 7 son: 29 a 30, 45 a 50, 31 a'35, 25,19 y 15 kD, respectivamente. Las proteínas de 29 a 30, (GP2), 45 a 50 (GP3), 31 a 35 (GP4) y 25 kD (GP5) son posiblemente glicosiladas y forman parte de la envoltura del virus. La proteína 19 kD (M) forma parte de la matriz y la proteína de 15 kD (N) es constitutiva de la nucleocápside (Zimmerman et al., 1998).

III. Patogénesis

En el proceso de infección viral, la adheren­cia del virus SRRP a la célula blanco, se realiza a través de una proteína receptora de 210 kD que está presente en la mem­brana celular de macrófagos alveolares porcinos (MAP) permisibles (Duan et al.,1998). Inmediatamente después, las partí­culas virales son endocitadas mediante un proceso dependiente de microfilamentos a través de pequeñas vesículas, similar a lo observado en el sistema de clatrinas. Pos­teriormente se produce la fusión de la en­voltura vira¡ con la membrana del fagosoma, favorecido por el pH ácido del medio. De esta manera, la nucleocápside vira¡ ingresa al citoplasma para la replicación (Kreutz y Ackerman, 1996).

En el citoplasma se sintetizan las proteínas virales no estructurales y estructurales, pro­ceso independiente de la actividad del nú­cleo. Inmediatamente de ser sintetizadas las proteínas M y E, son transportadas hacia el retículo endoplásmico (RE) donde la proteí­na M interactúa con la proteína E, formando un heterodímero unido por medio de un en­lace disulfuro. En este lugar se acumulan es­tas proteínas que posteriormente conforma­rán la matriz y envoltura del virión. La proteí­na N que se acumuló en el citosol, ingresa posteriormente al RE para completar el en­samblaje del virus. A las tres horas post in­fección (pi), aparecen los primeros signos de daño celular con la formación de pequeñas vesículas de doble membrana, producto de la degeneración mitocondrial. A las seis ho­ras pi, la nucleocápside protruye del RE liso, el lumen del RE contiene partículas virales envueltas y es posible detectar antígenos virales en el citoplasma (Suarez, 2000).

Los viriones envueltos se acumulan mayoritariamente en el lumen del RE pro­vocando su dilatación. Las nuevas partícu­las vírales entran en un proceso de madu­ración dentro de vesículas en la zona com­prendida entre el RE y la parte media del aparato de Golgi. Posteriormente las vesí­culas que contienen las nucleocápsides virales son transportadas por el Golgi. Fi­nalmente las vesículas son eliminadas por la membrana celular por exocitosis o lisis celular (Suarez, 2000).

La mayoría de los virus aislados producen infección citolítica, pero también se ha re­portado la existencia de aislados no citopatogénicos (Zimmerman et al., 1998). Por otro lado, la información de la participa­ción de las proteínas en la patogénesis, es escasa. Se ha demostrado que células transfectadas con el producto génico de ORF 7 (proteína N) se redondean y despren­den de la superficie del cultivo celular de manera similar al efecto citopático, por lo tanto se asocia su participación en la patogénesis del SRRP. Del mismo modo, se ha comprobado que la expresión del ORF 5 (proteína E) induce apoptosis in vitro, sugi­riendo que esta proteína puede jugar un rol importante en el proceso de la enfermedad (Suarez et al., 1996).

El ciclo de replicación vira¡ sería de 9 a 12 horas, ya que se ha observado progenie viral entre 9 a 12 horas pi (Pol et al., 1997), pero la mayor producción de virus infecciosos se alcanza entre las 24 a 48 horas pi y es man­tenida por un período de 60 a 70 horas pi (Zimmerman et al., 1998).

Células del linaje monocito/macrófago, ta­les como MAP, monocitos de sangre periférica (MSP) y macrófagos intravasculares pulmonares (MIP), son las mejores células para la multiplicación viral in vitro e in vivo, haciéndolo con mayor efi­ciencia los MAP. El efecto citopático puede ser detectado a entre las 24 a 72 horas pi, con títulos de 100.000 a 1.000.000 DICT50, cuando se cultivan en MAP y de 10.000 DICT50 cuando se cultivan en MSP (Wensvoort et al., 1991) (figura 2).

 

Se ha demostrado que el virus SRRP tam­bién es capaz de multiplicarse en macrófagos esplénicos y células de la microglia (Zimmerman et al., 1998) como también en una línea celular establecida de riñón de mono verde africano MA-104 y mejor aún en su clon MARC-145 (Kim et al., 1993). En estas líneas celulares, alcanza una multiplicidad de infección de 0,01 y el ciclo de replicación de 48 a 72 horas con una progenie máxima de 320.000.000 DICT50 (Kim et al., 1993).

El efecto citopático típico del virus SRRP en las células MARC-145 se describe como una aglomeración de células redondeadas que se hacen picnóticas y se desprenden de la monocapa 2 a 4 días después de la inocu­lación, con destrucción total de la monocapa en seis días (Benfield et al., 1992). En culti­vo de MAP el efecto es semejante, a dife­rencia que los MAP no forman monocapa (Pol et al., 1997)

A pesar de que la replicación del VSRRP es estrictamente citoplasmática, mediante el uso de anticuerpos monoclonales contra la proteína N del VSRRP, se observó que ésta se localiza en el citoplasma y en el núcleo, específicamente en el nucleolo, pero el rol de la topología nucleolar de la proteína N no está aún determinado y sería posible que esté involucrado en la inhibición de la sínte­sis de las proteínas de la célula hospedadora, como ocurre con las proteí­nas de otros virus de ubicación intranucleolar (Suarez, 2000).

Otra de las particularidades biológicas del VSRRP es su capacidad de inducir apoptosis. Hasta el momento se ha deter­minado que ciertas proteínas, codificadas por genes ubicados en el marco de lectura abierta 5 (ORF5) del genoma vira¡, están involucradas en el proceso de inducción de apoptosis. Pero, sin embargo, se continúan los estudios para identificar dentro los pro­ductos del ORF5, la región exacta que par­ticipa en dicho proceso. Resultados prelimi­nares, indican que el aminoácido 118 ubi­cado en la región amino-terminal final de la proteína p25, producto de la ORF5, es res­ponsable de la inducción de apoptosis (Suarez 2000). En células de mamíferos, la expresión de tales proteínas se manifiesta histopatológicamente con cambios degenerativos que se caracterizan por con­densación y fragmentación de la cromatina, degeneración del ARNr, ruptura nuclear, picnosis, degeneración vacuolar y conden­sación citoplasmática. Por otro lado, se ha observado una significativa reducción en la producción del anión superoxido en macrófagos infectados por VSRRP, que po­dría asociarse al mecanismo por el cual el virus induce a apoptosis (Suarez, 2000).

En el animal, el virus puede ingresar por vía oral, nasal, intramuscular, intraperitoneal, vaginal y también existe la posibilidad de transmisión venérea. Se ha demostrado que 10 partículas virales infectantes, administra­das por vía nasal o intramuscular, son sufi­cientes para infectar un cerdo (Zimmerman et al., 1998).

Cuando el VSRRP infecta a cerdos no inmu­nes (infección sistémica aguda), el número y severidad de las lesiones varía dependien­do de la cepa de virus (Done y Paton, 1995). Las lesiones más frecuentes se presentan en los pulmones y linfonódulos, pero antígenos y ácidos nucleicos virales han sido detectadas en células de los endotelios vasculares y en macrófagos intra y perivasculares de segmentos de vasos san­guíneos de corazón, cerebro y riñón (Pol et al., 1991). En general, las lesiones asocia­das con multiplicación vira¡ en los macrófagos de pulmón y tejido linfoide o en epitelio na­sal, se desarrollan rápidamente, dentro de horas o de días. En contraste, las lesiones en el corazón, cerebro y riñón se desarrollan tardíamente (Zimmerman et al., 1998).

Las lesiones pulmonares son más severas aproximadamente 10 días después de la infección. Los pulmones no están colapsados, son de mayor firmeza y están moteados de una coloración ploma. En ca­sos más severos los pulmones se ven rojos bronceados y puede haber un fluido claro separando los lóbulos. Estos cambios son más marcados en la parte anterior de los pulmones (Rossow et al, 1995).

Microscópicamente, las lesiones están pre­sentes de 3 a más de 28 días pi en forma difusa o multifocal, los septos alveolares están engrosados por infiltración de macrófagos, linfocitos y células plasmáticas y pueden estar tapizados por neumocitos tipo 11 hipertróficos e hiperplásicos. Los alvéolos contienen un número variable de macrófagos necróticos y cantidades de res­tos celulares (Rossow et al., 1995).

En escasas ocasiones, otras porciones del tracto respiratorio están afectadas. Así, a las 12 horas pi en la mucosa nasal, el epitelio presenta pérdida de cilios, exfoliación de células epiteliales, pequeños espacios quísticos y metaplasia escamosa. Después de 7 días, hay un aumento en el número de leucocitos y agregados de linfocitos y macrófagos en la submucosa (Rossow et al., 1995). Pol et al. (1991) describen infla­mación a nivel del epitelio bronquial y Done y Paton (1995) describen pérdida de cilios en el epitelio bronquiolar.

Las lesiones de los linfonódulos del tracto respiratorio varían en distribución y severi­dad, aumentados éstos de dos a 10 veces por sobre su tamaño normal (Drew, 2000). Presentan color blanco bronceado, de con­sistencia semi blanda a firme y en el perí­metro inmediatamente debajo de la cápsu­la a veces se observan pequeñas vesículas llenas de fluido y mayor humedad al corte (Rossow et al 1995). Las lesiones micros­cópicas se ubican en los centros germinales, apareciendo necróticos, depletados y edematosos, conteniendo linfocitos y/o macrófagos con picnosis o cariorrexis y res­tos celulares necróticos. La corteza puede contener pequeños espacios quísticos que están tapizados por el endotelio y pueden contener fluido proteináceo, linfocitos y procariocitos (Rossow et al 1995). También se han descrito en los márgenes de las áreas linfoides de los ganglios afectados, la presencia de células sinciciales con 2 a 10 núcleos que contienen un nucleolo promi­nente y una moderada cantidad de citoplas­ma eosinofílico (Drew, 2000).

Aunque no hay lesiones severas en los linfonódulos de otras regiones, microscópicamente puede haber necrosis linfoide, deplesión y/o hiperplasia en el timo, en manguitos linfoides periarteriolar del bazo y en los folículos linfoides de tonsilas y pla­cas de Peyer (Drew, 2000).

Además, en algunos casos también se ha encontrado a los 9 días pi, una mediana a moderada miocarditis subendocardial linfo­histiocítica perivascular (Drew, 2000): En los segmentos afectados de pequeñas arterias y venas, las células endoteliales pueden estar hinchadas, con linfocitos, macrófagos y unas pocas células plasmáticas a nivel subendotelial, mural y/o perivascular. Más raro es encontrar una necrosis fibrilar miocardial y manguitos de linfocitos en las células de Purkinje (Rossow et al., 1995).

A los 7 días pi, puede desarrollarse una en­cefalitis que involucra al cerebro, cerebelo y está caracterizada por segmentos de man­guitos de linfocitos y macrófagos en los va­sos sanguíneos y gliosis multifocal (Rossow et al., 1995). A los 14 a 42 días pi, ocasio­nalmente, puede encontrarse lesiones re­nales, que incluye agregados linfohistiocíticos periglomerular y peritubular (Rosow et al., 1995).

Durante un brote SRRP que afecte a hem­bras preñadas, el virus cruza la placenta más frecuentemente en el último estado de la gestación (Lager y Mengeling, 1995). La razón de mortalidad en una camada que ha sido infectada, así como el intervalo entre la infección viral y la muerte fetal, puede variar con la virulencía de la cepa (Mengeling et al., 1996). Fetos infectados que viven hasta el momento del parto pueden ser de menor tamaño y viabilidad que animales de camadas sanas. Generalmente, las hem­bras mantienen la preñez hasta cerca del término (más de 100 días de gestación) o hasta el término, de tal modo que en la ca­mada se puede observar esta variabilidad. Algunos fetos son de apariencia normal y otros pulposos de color café y otros parcial­mente momificados. Algunos pueden estar cubiertos con una delgada capa café de meconio y fluido amniótico. La mayoría de las lesiones son el resultado directo de la autolisis estéril en útero.

Sólo en algunas ocasiones pueden obser­varse lesiones específicas del virus SRRP en fetos sin estado de autolisis; en ellos el cordón umbilical presenta segmentos hemorrágicos e inflamado con un diámetro de sobre tres veces lo normal, siendo esta lesión la más sugerente de SRRP (Larger y Halbar, 1996). Microscópicamente el cordón presenta una moderada a severa arteritis necrosupurativa y linfohistiocítica segmental a circonferencial con severo edema y/o he­morragia transmural y periarterial. El endotelio del segmento afectado está hin­chado o ausente. Otras lesiones fetales des­critas incluye edema perirrenal, del ligamen­to esplénico y mesenterio, además ascitis, hidrotorax e hidroperitoneo.

Microscópicamente, las lesiones también son raras y moderadas e incluyen arteritis en el pulmón, corazón y riñón; neumonía intersticial multifocal, hepatitis periportal miocarditis perivascular encefalitis multifocal (Lager y Harbur, 1996).

En algunos fetos, al examen interno se ob­serva un fluido claro a ambar que baña los riñones, bazo, colon espiral y se acumula en la cavidad abdominal y torácica (Lager y Halbur, 1996). Los cerdos nacidos vivos de las camadas infectadas con virus SRRP, pueden estar infectados con el virus y a ve­ces tienen características de inflamación de los párpados y tejidos que rodean los ojos. Además pueden presentar varias lesiones vis­tas en cerdos con SRRP sistémico agudo.

El modo de infección de los fetos es por vía transplacentaria. Se ha detectado el virus en macrófagos dentro de los folículos atrésicos del ovario y con menor frecuencia en las células de la granulosa y del estroma. Sin embargo, no se ha detectado infección en el óvulo mismo o en el embrión, indican­do que en estos sitios es improbable la per­sistencia del VSRRP (Zimmerman et al., 1998).

El virus, una vez multiplicado en los diferen­tes tejidos, es eliminado por diferentes vías y por períodos variables. Los períodos máxi­mos de diseminación son: en saliva, 42 días, secreción nasal, 28 días, orina, 14 días, se­men, 101 días; leche, 18 días; y heces, 35 días. No obstante, el virus tiene la capacidad de establecer infección persistente, pero que no es caracterizada por una viremia persis­tente ya que la aparición de los anticuerpos neutralizantes coincide con la ausencia de viremia. En la mayoría de los estudios, la viremia es detectada entre la segunda y la tercera semana pi, aunque se han reportado viremias de 6 a 7 semanas, no habiendo con­senso en la duración exacta y sitio de multi­plicación del VSRRP durante el estado de persistencia (Suarez, 2000).

Hoy en día se puede considerar dos esta­dos de la enfermedad: agudo (que incluye las dos primeras semanas de infección du­rante el cual los títulos máximos de virus son recuperados de los órganos susceptibles) y persistente (caracterizado por la multiplica­ción del virus en bajos niveles restringido a algunos órganos) (Van Reeth, 1997).

Se sugiere que una infección por VSRRP es persistente cuando este se aisla desde tonsila, bazo y tejido linfoide, pero no de pulmón (Rossow et al, 1995). Sin embargo, pareciera que el virus permanece en los pulmones (Mengeling et al., 1995), ya que ha sido aislado desde MAP hasta 9 sema­nas pi (Mengeling et al., 1996). Por otro lado, el 100% de porcinos nacidos vivos que so­breviven a los 21 días de edad, provenien­tes de marranas infectadas con virus SRRP a los 90 días de gestación (periodo tardío de la gestación), se hacen persistentemente infectados y hacen viremia por períodos lar­gos, hasta por 11 semanas después del nacimiento, demostrándose la presencia del virus en las tonsilas de porcinos sacrifica­dos entre 60 a 130 días después del naci­miento (Mengeling et al., 1996).

IV. Inmunidad

La mejor evidencia de inmunidad protectora es el regreso de un rebaño infectado y con manifestaciones a una condición de aparen­te normalidad productiva. Los anticuerpos del suero pueden ser detectados a los 7 días pi, y están dirigidos, mayoritariamente, contra la proteína de la nucleocápside (N), que es la proteína más inmunogénica del virión, pero no es la proteína neutralizable. En la proteí­na N, se han reconocido alrededor de 7 de­terminantes antigénicos con epitopos conser­vados y epitopos divergentes entre aislados norteamericanos y europeos, identificados por anticuerpos monoclonales (Cheon y Chae, 2000).

Entre los 9 y 35 días aparecen los anticuerpos contra proteínas de la matriz (M), que es también una proteína altamen­te inmunogénica y, que a pesar de proyectarse al exterior de la envoltura viral, es una proteína altamente conservada en­tre los aislados norteamericanos y la más conservada entre los aislados americanos y europeos, identificándose epitopos únicos y comunes entre aislados norteamericanos y europeos (Meulenberg, 2000).

Entre los 30 y 60 días después de la expo­sición, se detectan anticuerpos contra las glicoproteínas de la envoltura (E), que son pobres inmunogénicas pero serían las pro­teínas neutralizables y cuando aparecen empieza a desaparecer la viremia (Cheon y Chae, 2000). No obstante, también se ha reportado aislamiento de virus desde cer­dos con altos títulos de anticuerpos neutralizantes (Wills et al., 1997).

Los anticuerpos persisten por al menos un año después de la exposición inicial y tam­bién se ha podido comprobar que la inmu­nidad mediada por células es activa por más de un año (Zimmerman et al., 1998).

La protección contra pérdidas reproductivas tardías parece ser de larga duración, al menos contra el desafío con cepas homólogas (Lager et al., 1997), pero la in­munidad contra enfermedad del sistema respiratorio ha sido más difícil de caracteri­zar, siendo crónico o cíclico los problemas respiratorios en planteles con infección en­démica (Zimmerman et al., 1998). El hecho que el agente infecte y destruya a macrófagos apoya la teoría de que el virus SRRP suprime la respuesta inmune del huésped, al menos localmente, teniendo serias consecuencias para los mecanismos de defensa. En condiciones experimentales, la proporción de macrófagos alveolares re­cuperados de pulmón decrece en aproxima­damente un 50% al día 7 posterior a la in­fección (Zimmerman et al., 1998). Sin em­bargo, también hay evidencias que no más del 2% de los macrófagos alveolares están con virus en estados agudos de la infección (Duan et al., 1997). Además, se ha obser­vado que después de la infección los macrófagos alveolares están alterados en su función aumentando la producción de interleukina I (IL 1) y factor de necrosis tumoral (TNF), suprimiendo la actividad bactericida de la célula (Drew, 2000).

Debido a que los macrófagos intravasculares pulmonares juegan un rol crítico en la elimi­nación de bacterias y sustancias extrañas en los pulmones y a que su función está dismi­nuida, los cerdos pueden hacerse más sus­ceptibles a otras enfermedades, explicando el sinergismo que se presenta entre la infec­ción por el VSRRP y agentes secundarios (Zimmerman et a., 1998).

También se ha observado que después de inoculaciones experimentales, se produce disminución de los linfocitos del tejido linfoide de la vaina periarteriolar del bazo, de las criptas tonsilares, de los linfonódulos mesentéricos, de la corteza tímica y de los linfocitos de sangre periférica (Drew, 2000, Rossow et al., 1994), lo que contribuye a aumentar la susceptibilidad a infecciones secundarias. Se suma el hecho de haber encontrado cambios anormales de las subpoblaciones de linfocitos T, en cerdos naturalmente infectados con virus SRRP, como son un aumento en las células CD2+ y CD8+ y disminución de las CD4+ y de la razón CD4+/CD8+, en ausencia de modifi­cación de la población de linfocítos tímicos, de tal modo que el virus SRRP no afectaría la diferenciación de los linfocitos intratímicos (Shimizu et al., 1996).

Patrones Epidemiológicos de PRRS

 

 Figura 3.

También se ha podido observar que en los macrófagos y en los monocitos circulantes infectados, se produce una pérdida de los antígenos de expresión de la membrana celular, lo que podría explicar por que el vi­rus no es fácilmente eliminado por la inmu­nidad celular, en presencia de anticuerpos circulantes, resultando en una viremia pro­longada e infección persistente (Zimmerman et al., 1998).

Es discutible el rol que juegan los anticuerpos calostrales. Se ha determinado que estos anticuerpos están presentes en el suero de lechones a los 4 días de naci­miento, pero, desaparecen a las tres sema­nas de edad (Albina et al., 1994). Sin em­bargo, también se ha comprobado ausen­cia de estos anticuerpos en lechones naci­dos de hembras infectadas y también se ha encontrado persistencia de anticuerpos calostrales por 4 a 10 semanas de edad (Goyal, 1993). y ocasionalmente sobre 16 semanas de edad, en lechones de madres inmunes (Van Alstine et al., 1993). Se ha estimado que la vida media de los anticuerpos calostrales de tipo neutralizantes es de 8,1 días y los detecta­dos por ELISA de 16,2 días (Zimmerman et al., 1998). No obstante, al parecer los anticuerpos solos no son capaces de prote­ger a los cerdos de la enfermedad y la in­munidad mediada por células sería funda­mental en la protección contra el virus SRRP Se sabe que la secreción de la glándula mamaria contiene alta cantidad de leucocitos (Tuboly et al., 1988) y la adquisi­ción de ellos por los lechones, les conferiría una respuesta inmune mediada por células (Zimmerman et al., 1998).

La vacunación de cerdos en áreas endémi­cas es relativamente efectiva para prevenir las fallas reproductivas. La vacunación de berracos también puede ayudar a reducir la producción de virus en el semen, confirien­do algún nivel de protección, pero la vacu­nación de berracos con virus vivo modifica­do hace posible la eliminación de virus por el semen y su transmisión a animales desprotegidos (Botner et al., 1997), hacien­do que su uso sea discutible.

V. Diagnóstico

El diagnóstico del SRRP puede ser particu­larmente problemático, ya que la presenta­ción de la enfermedad clínica varía amplia­mente dependiendo de la edad y suscepti­bilidad relativa de los cerdos infectados, de la presencia de otros patógenos, estados de gestación -en los casos de problemas reproductivos- y las diferentes virulencias de las cepas virales. Además, las vacunas ate­nuadas persisten en los tejidos de los cer­dos vacunados por semanas y tal vez por meses.

Diversos estudios serológicos han estable­cido que la infección endémica con virus SRRP es común. Sin embargo, en ausen­cia de signos clínicos el impacto económico puede ser pequeño o no evidente. Una com­paración de los registros de producción de grupos infectados con los registros previos a la infección, revela una baja moderada en la tasa de crecimiento, eficiencia alimenti­cia o en parámetros reproductivos, pero sin un grupo control no infectado mantenido bajo las mismas condiciones, es dificil de­terminar si estas diferencias son inducidas por el virus (Mengeling y Lager, 2000).

Cuando se presentan signos clínicos, ellos están asociados con problemas reproductivos en las cerdas que incluyen disminución de la tasa de concepción, abor­tos en el último período de la gestación, au­mento de la mortalidad perinatal, fetos momificados y nacimiento de cerditos no via­bles-, y con enfermedades del tracto respira­torio en cerdos de todas las edades, pero especialmente en cerdos jóvenes (Goldberg et al., 2000). Las lesiones macroscópicas más características son en los nódulos linfáticos que aparecen aumentados de ta­maños, de color tostado a gris y en los pul­mones se observan áreas, focales o difusas, de consolidación pulmonar. A nivel reproductivo, sólo a veces se presentan he­morragias segmentales en el cordón umbilical de cerditos nacidos vivos o muertos. Microscópicamente se observa hiperplasia de los nódulos linfáticos y a nivel pulmonar, en forma local o difusa, un infiltrado de células mononucleares. Las cerdas afectadas pue­den presentar una leve a moderada miometritis y una endometritis linfoplasmocítica (Mengeling y Lager, 2000). La presentación de alguna o todas las mani­festaciones clínicas en un plantel pueden lle­var a sospechar de la participación del virus SRRP, no obstante, para confirmar la presen­cia del virus es imprescindible el diagnóstico de laboratorio (Mengeling y Lager, 2000).

La presencia del virus en un plantel puede ser demostrada a través de la detección de antígenos o del genoma vira¡, directamente en los tejidos del animal, o por aislamiento vira¡, o por la demostración de anticuerpos en planteles que no han recibido vacunación. La detección de antígenos en tejidos tiene la ventaja de ser un procedimiento más rá­pido y económico qué el aislamiento vira¡, pero a veces la cantidad de antígeno es in­suficiente para ser detectado y se precisa del aislamiento vira¡. En la detección de antígenos se han empleado pruebas inmunohistoquímicas y de inmunofluores­cencia (Chiou et al., 2000).

La detección del genoma viral se puede rea­lizar a través de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR), la que se ha utilizado para detectar la presencia del virus en flui­dos o por hibridación 'in situ' (HIS), aplica­do para detectar la presencia del virus en tejidos. Se ha demostrado que estas prue­bas son más sensibles que la detección de antígenos virales, lo que podría atribuirse a que después de una infección se encuentra más ARN que antígeno vira¡ en las células infectadas (Mengeling y Lager, 2000).

La prueba de elección es el aislamiento viral y éste se realiza en cultivos de MAP y en el clon MARC-145 derivado de la línea de riñón de mono verde africano MA-104. El virus produ­ce efecto citopático en las células, pero la iden­tificación del aislado se logra por las pruebas histoquímica o de inmunofluorescencia o por neutralización viral.

Para hacer aislamiento viral la muestra de elección es el suero, especialmente en cerditos jóvenes, ya que la viremia persiste por 2 a 6 semanas y el virus es más estable en el suero que en los tejidos (Van Alstine et al., 1993). En animales adultos, la viremia es de menor duración y es preferible reali­zar el aislamiento viral desde los tejidos, siendo de elección pulmón, tonsilas y linfonódulos. En caso de abortos en el últi­mo tiempo de gestación, es preferible tomar muestra de cerdos vivos de la camada que de los muertos o momificados (Van Alstine et al., 1993).

La detección de anticuerpos séricos se pue­de realizar por pruebas de inmunofluo­rescencia indirecta, seroneutralización, inmunoperoxidasa y ELISA. La evidencia serológica en una muestra de suero no es suficiente para confirmar un diagnóstico clí­nico de SRRP. En ese caso, se requiere de una muestra pareada de suero y la confir­mación de la enfermedad se obtiene cuan­do hay seroconversión con aumento de 4 veces en los títulos de anticuerpos en un período de 3 a 4 semanas después de los signos clínicos iniciales. No obstante, debe tenerse en consideración que todas las prue­bas no identifican el mismo anticuerpo y que existe una gran variabilidad antigénica, sien­do las pruebas de inmunofluorescencia in­directa y de seroneutralización las más influenciadas por este hecho ELISA (HerdChek PRRS ELISA, IDDEX Laboratories Inc.), es la prueba de laboratorio que ha demostrado ser capaz de diag­nosticar anticuerpos a una mayor variabili­dad antigénica de virus (Zimmerman et al., 1998).

Las pruebas que detectan anticuerpos con­tra el virus SRRP, hasta ahora están inca­pacitadas para discriminar entre anticuerpos inducidos por una infección natural o por una vacunación. Sólo el uso de anticuerpos monoclonales dirigidos contra epitopos es­pecíficos, tienen la facultad de identificar ais­lados virales procedentes de vacunas o de infecciones naturales, así como también di­ferenciar cepas norteamericanas de euro­peas (Mengeling y Lager, 2000).

De todas formas, en general los anticuerpos para el virus SRRP son de corta duración. En condiciones experimentales se observa que después de la inoculación viral los anticuerpos son detectables a los 5 a 9 días por prueba de inmunofluorescencia, de 9 a 11 días por prueba de inmunoperoxidasa, de 9 a 13 días por prueba de ELISA y de 9 a 28 días por prueba de seroneutralización. El 'peak' de anticuerpos se logra entre los 30 a 50 días, pero los neutralizantes logran sus títulos más altos por los 60 a 90 días pi, después de lo cual empiezan a declinar y tienden a desaparecer alrededor del ano después de la infección (Yoon et al., 1995). La serología negativa a virus SRRP, puede tener varias interpretaciones posibles: que los cerdos no estén infectados con el virus; que los cerdos se hayan infectado recién con el virus y no hayan seroconvertido, que los cerdos estén infectados con el virus pero se han hecho seronegativos, y que exista un error de laboratorio, o que la prueba usa­da sea de baja sensibilidad.

VI. Epidemiología

La enfermedad se ha clasificado en Lista B de la OIE. Como cuadro clínico es de apari­ción relativamente nueva, aunque análisis retrospectivos de sueros porcinos confirman la presencia del virus desde los años 1979 en Canadá, 1985 en los Estados Unidos de Norteamérica, 1988 en Alemania, 1985 en Korea del Sur y 1988 en Japón (Zimmerman et al., 1998).

Hoy en día, el VSRRP está distribuido mun­dialmente y si bien muchos países se decla­ran libres, solamente Suecia y Australia han documentado esta condición por exámenes serológicos en sus respectivas poblaciones porcinas (Zimmerman et al., 1998).

El hecho de que el virus sea eliminado por una gran cantidad de excreciones y secreciones, que el animal susceptible pue­da infectarse por varias vías y que el virus haga infección persistente en el hospedador, dan razón de la epidemiología del SRRP. El cuadro es capaz de presentarse en todos los tipos de sistemas productivos porcinos, ya sean 'Indoor/outdoor', intensivo/exten­sivo, grandes/pequeños, estatus sanitario bueno y malo, crianza y engorda, etc. Fac­tores del agente, del hospedador y del am­biente se conjugan de manera tal que la pre­sentación clínica puede ser muy variable, con cuadros desde muy severos hasta inaparentes.

Una vez que el virus ingresa a un rebaño, lo que ocurre la mayoría de las veces por la introducción de animales infectados, rápi­damente se disemina y se hace endémico en un período de más o menos 10 años. Se ha demostrado presencia de virus en cria­deros hasta por 2,5 años después del brote inicial (Stevenson et al., 1993), aunque tam­bién se ha descrito eliminación espontánea del virus, pero Las circunstancias bajo las cuales esto ocurre no han sido definidas (Zimmerman et al., 1998).

El virus sería perpetuado por un ciclo de transmisión desde las hembras a los cerditos ya sea intrauterinamente o post parto o por mezclarse animales infectados con suscep­tibles en los últimos estados de producción. Dentro de los rebaños infectados se presen­tan marcadas diferencias en los valores de infección entre los grupos, pero la presen­cia de animales susceptibles en los criade­ros provee un mecanismo para mantener una transmisión viral persistente en criade­ros crónicamente infectados.

Es discutible la transmisión por vía de aerosoles ya que se precisa de la participa­ción de otros componentes ambientales como es la temperatura y humedad para hacer efectiva la infección. El virus perma­nece infectante en el ambiente por tres se­manas y la transmisión es principalmente por contacto directo a través del mucus y semen, pero también se describe la forma indirecta a través de aerosoles, heces y orina. Los cerdos jóvenes diseminan el virus hasta por 5 a 6 semanas después del cuadro clínico. Cerdos viejos por 2 a 3 semanas. Los ani­males permanecen infectados hasta 8-9 meses después de adquirir el agente. En las carnes de animales virémicos el virus se en­cuentra en bajo título pero persiste infectante hasta por 7 días, mantenido a temperatura de refrigeración (Magar et al., 1995).

Un aspecto muy interesante en la epidemiología del SRRP, ha sido la ausen­cia de un patrón definido en la presentación clínica de la enfermedad a través de los plan­teles porcinos del mundo, presentando ca­racterísticas de enfermedad endémica, epi­démica y mixtas. Cabe destacar que esta singularidad no solo responde a factores geográficos y temporales, sino que además representa a la signología clínica encontra­da en las poblaciones afectadas. Es así como los signos reproductivos adquieren más bien un carácter epidémico, con una alta severidad de los síntomas y una buena respuesta inmune post-infección. En cam­bio, los signos respiratorios responden me­jor a la definición de cuadro endémico, que genera una respuesta inmune regular y con una amplia variabilidad de los síntomas clí­nicos observados (Blaha, 2000).

Otros aspectos que se escapan de la pre­sentación clásica de una enfermedad se han evidenciado en importantes zonas produc­tivas del mundo. A¡ respecto, en Estados Unidos de Norteamérica ocurrieron brotes epidémicos con una connotación particular, donde predios con infección endémica ma­nifestaron los cuadros más severos, a dife­rencia de predios que se infectaron por pri­mera vez, donde los síntomas estuvieron ausentes o bien fueron de escasa magni­tud. En Europa en cambio, los brotes epi­démicos se produjeron en poblaciones de animales que hasta ese momento habían permanecido libres de la infección, situación bastante más lógica y que contrasta con lo sucedido en Norteamérica.

Otra particularidad del SRRP, es que plan­teles infectados al mismo tiempo y con la misma cepa viral, demuestran cuadros, clí­nicos variables, donde algunos sufren de gran mortalidad y otros sólo manifiestan sín­tomas leves o subclínicos (Blaha, 2000).

Estas situaciones derivaron en investigacio­nes que determinaron la participación de factores prediales más que particularidades del virus causal, llegándose a la conclusión de que las medidas de manejo, higiene y crianza son elementos determinantes en el cuadro clínico del SRRP.

En la figura 3 se aprecian los patrones epidemiológicos descritos para el SRRP, según la incidencia característica a través del tiempo en cada uno de ellos (Blaha, 2000).

En nuestro país, durante el primer semes­tre del año 2000 se encontró la primera evi­dencia serológica contundente de infección con el virus SRRP, principalmente en plan­teles ubicados en la Región Metropolitana. El procedimiento de vigilancia epidemiológica realizado por el SAG permi­tió esta detección, que a mediados del mis­mo año se confirmó con el aislamiento del virus y determinó que Chile perdiera su con­dición de país libre para esta enfermedad. El estudio del aislado sugirió que la cepa nacional pertenecería al grupo genómico norteamericano, descartando la hipótesis de una cepa vacuna¡ e indicando de paso el origen más probable del aislado.

El muestreo del SAG consideró un universo aproximado de 2000 animales, encontrán­dose una tasa de reaccionantes cercana al 12%, con un 30% de los planteles (28 de 93) involucrados.

Cabe destacar este gran porcentaje de re­acción, ya que da cuenta de un proceso avanzado que podría haberse iniciado des­de hace varios años. Además, se puede establecer una condición nacional de endemia para el virus SRRP, o al menos de las zonas con reaccionantes positivos, que se ha manifestado con cuadros subclínicos o inaparentes dada la ausencia de reportes o sospechas sugeridas por los veterinarios privados o por los propios productores. Esta situación permite inferir también que la cepa viral actuante no sería de una patogenicidad muy importante, y/o que las condiciones de manejo e higiene a que son sometidos los cerdos en los planteles nacionales más industrializados son bastante adecuadas para evitar la presentación clínica de enfer­medades multifactoriales como SRRP.

Sin embargo, y en vista de las graves conse­cuencias que potencialmente puede traer consigo la presencia del virus en nuestro medio, el SAG y la Asociación de Producto­res de Cerdos (ASPROCER) se han organi­zado para desarrollar un estudio serológico a nivel nacional, a fin de identificar todos los planteles afectados y dentro de éstos, todos los animales reaccionantes, con el propósito de implementar posteriormente un sistema de control que permita erradicar en el menor tiempo posible el virus de nuestro país.

VII. Conclusión

El SRRP es una enfermedad emergente, producida por un virus relativamente nuevo que presenta una alta tasa de mutación, lo que ha originado múltiples cepas, incluidas en dos grandes grupos genómicos.

Las diferencias genómicas del virus se tra­ducen, sumados a otros factores aún no cla­ramente definidos, en una gran variabilidad de presentación clínica. Se le atribuye a este virus una potencialidad devastadora en aso­ciación con otras infecciones, dado su ca­rácter inmunodepresor, presentación de un ciclo de multiplicación breve y producción de infección persistente. Lo anterior lleva a la presentación de una conducta epidemiológica única.

El SRRP está presente en Chile, en forma subclínica, con una alta tasa de reaccionantes, lo que motiva a su control antes de la aparición de signos clínicos, para prevenir su diseminación y pérdidas cuan­tiosas para el sector porcino, con proyec­ciones a la erradicación.

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